Patitos en Fila

Patitos en Fila

miércoles, 1 de junio de 2011

Sus blogs y yo

Sinceramente, era una de las personas que no podía entender que se tiendan amistades 2.0. De hecho, sigo renegando de muchas redes sociales a las cuales no me interesa sumarme. El mundo cibernético nunca retuvo mi atención, y tampoco soy amante de la tecnología. Pero un día, en la oficina, desde una punta mientras buscaba unos expedientes pude observar como una compañera muy entrada en años intentaba ocultar su risa cómplice detrás del pantalla de su computadora, evitando que el jefe notara que no eran escritos laborales lo que le causaba tanta gracia y alegría. Se preguntarán que tendrá que ver una cosa con la otra. Ok, acá va la explicación:

Esta situación se repetía regularmente, casi a diario. Hasta que un día no pude soportar más la intriga y me acerque a su escritorio.

M.M: ¿Cómo estás? ¿Querés un cafécito?

Señora compañera risueña: Si, claro. Que atenta. (Conteniendo las risas)

M.M: ¿Puedo consultarte algo? Siempre veo que te estás riendo y pareciera como si fuera porque algo que lees te agrada mucho. ¿Me equivoco?

Señora compañera risueña: No, no te equivocas. Leo blogs. Entro a un blog que me hace reír mucho, y sobre todo, porque tiene fotos de gatitos. Yo amo los gatitos. Y bueno, a partir de ahí empiezo a entrar en todos los demás blogs, y me acompañan en casa, para no estar tan sola.

La verdad es que pequeña conversación me dejo pensando si podría sacar algo positivo de leer los escritos de personas a las que no conocía. Y al otro día le pedí que me recomendara alguno. Una vez inmersa en este mundo pude conocer  las historias de vida de muchos, sus dolores, sus alegrías, sus aventuras, sus ascensos, sus proyectos, sus gustos y las noticias más tristes que quisieron compartir con los lectores. También vi nacer blogs, que me atraparon por la humildad con la que eran gestionados pero que a la medida en que crecía su convocatoria, el ego de sus dueños se inflaba repulsivamente, a tal punto que tuve que dejar de leerlos, porque el papel de “perdedor cool” no se soporta más. Otros blogs, en cambio, supieron manejar su popularidad, y son muy amables con quienes les expresan su cariño. Existen todo tipo de blogs, y todos son libres de existir,  cada uno tiene la libertad de elegir que leer.
Por mi parte, me gusta mantenerme “en contacto” con aquellos blogs que elegí para leer cada día. Me sacan una sonrisa, me divierten y muchas veces me identifico con sus historias. Me hacen compañía cuando la necesito, y de vez en cuando, les expreso mi opinión, para que ellos también sepan que están siendo acompañados.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Por la noche

La noche es su tranquilidad.

No escucha, nada la abruma. El silencio le permite escucharlo. Por fin se termina el día que la apartaba de él. Lo siente en la brisa, deja que la roce, porque así la rozaba, con la misma suavidad. La noche es tranquilidad, la noche es él, la noche es su paz. La noche la dejaba contemplarlo, hora tras hora, de cerca, a centímetros, la dejaba olerlo, penetrar su aroma y su respiración. La noche la convertía en la reina de sus sueños. Nadie podía tocar su piel ni acobijarlo. Nadie podía amarlo desenfrenadamente solo con una mirada. Por horas, guardiana de sus sueños, dueña de su boca, reina de su amor. La noche fue cómplice de sus locuras, de sus desalientos, del insomnio compartido, de su amor incondicional.
La noche le recuerda, que el amor no vive detrás de caretas ni disfraces. Que el amor es puro y desenfrenado en su máxima esencia y que todo intento de condicionarlo lo destruye. La noche le recuerda que fue él que lo intento y fue él quien lo mato. 
Él  lo ató, lo limitó, lo obvio, lo ignoró, 
LO OLVIDÓ.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Así es V

¿Querés saber cuando te perdés?

Te perdés cuando te aferras a alguien a quien no le importa perderte.

No creo que exista una peor sensación, otro sentimiento tan desolador.

jueves, 3 de marzo de 2011

Ceremonia durante la tormenta


El cielo ha oscurecido. Las nubes camuflaron su celeste intenso, convirtiéndose en manchas grises y deformadas. Anochece de pronto. Escasea el aire, aumenta la humedad. Necesito respirar, desahogarme, correr. Caen las primeras gotas. Grandes, espesas, cargadas. Violentas. El viento se ha empeñado en soplar con intensidad, desparramando todo lo que encuentra en su camino, también desparrama mi ropa, mi largo cabello. Sé que estoy en problemas, estoy en el ojo de la tormenta. El desastre me rodea, pero no me toca, y solo puedo contemplarlo parada. El polvo volando, impidiendo ver las opciones. Quiero salir, pero significaría atravesar fuerzas desconocidas, temerosas. Quiero salir. Deseo salir. No quiero desesperar. Sé que las tormentas terminan, pero no encuentro salida, y está durando demasiado. Temo al desastre que tendré que afrontar cuando calme. Y una vez más, me tomas de la mano. Me abrazas fuertemente. Me susurras al oído. Me acomodas. Me armas. Me sostenes. Es una ceremonia durante la tormenta, porque el viento al que temía ahora es música con la que danzamos. Porque la oscuridad se vuelve cómplice. Porque la lluvia se vuelve romántica. Y vuelvo a creer que puedo, que las tormentas pueden atravesarse, sin tener que esperar a que apacigüen. Y vuelvo a ser yo. Juntos.


domingo, 13 de febrero de 2011

Manía

Verano. Calor, soportable, pero calor al fin. Fondo de la casa. Parra de uvas. Silencio tedioso. Abuela y nieta.
Abuela recordando. Nieta observando.

Juanita, voy a contarte una historia. Una historia mitológica. Una historia griega. Una historia divina.
Apólo era uno de los dioses más importantes y venerados. Era un dios oracular, profeta, consideraba que la locura era la fuente de la sabiduría. Como dios supremo, no se comunicaba como cualquier inmortal, se manifestaba del modo más superflúo, impalpable, volátil. Apólo, utilizaba la locura traducida en las manías como canal de trasmisión de su grandeza, de sus conocimientos. Si traducís este dato a lo cotidiano, notarás que todos estamos llenos de manías, y las manías nacen en cada uno de nosotros producto de la necesidad de controlar una situación. Por temor a que ocurran desgracias es que muchas personas se despiertan por las noches para controlar que las puertas esten cerradas, por una necesidad de mantener el orden y no alterar sus estructuras mentales es que algunos de nosotros elegimos ordenar nuestros guardarropas por intensidad de colores y estilos, por esa misma necesidad que te estoy contando es que algunos no pueden dormir sin saber que en la cocina todo esta completamente limpio y ordenado. Todas esas conductas son repetidas porque de lo contrario creemos que algo malo podría ocurrir, y que el cosmos descargaría toda su furia contra quien no cumpla con su ritual.

Estas acciones muchas veces son vistas como actos de locura, pero quiero que sepas Juanita, que la locura no significa más que la manifestación de la posesión. Todos en algún punto somos posesivos, porque todos conservamos una cuota de locura. Posesivos de las situaciones, de las personas, de las cosas, de los sueños, del saber. Porque tememos a los cambios bruscos, desestabilizantes, y es por ello que cualquier acto, por más mínimo que fuese, pensamos que nos ayudará a mantener las cosas tal como estan.

Mi manía, Juanita... mi manía era él. Una mezcla de locura teñida de amor y posesión. Un sentimiento de locura que encerraba a Apolo ametrallando mi mente y mi corazón, intentando fluir por medio de mis acciones, en su urgencia de sentirse terrenal y saborear el dolor y la desesperación del no correspondido, el deseo de sentirse mortal. Y se lo he permitido. Se ha expresado a través de mi.
Han existido las locuras junto a Apolo, todas para él.

Resta la mejor, la completa, la que cierra el cuento. La que deja manifestarse al dios con toda su furia, con toda su templeza y rigor. Quiero que él sienta la fuerza de Apolo de una vez por todas.

Y voy a prestarme para que se desate.

sábado, 12 de febrero de 2011

Aviso

Aclaración: antes de escribir cualquier estupidez que no valga la pena, prefiero desaparecer por unos días. El motivo no es la falta de inspiración, ni la falta de temas a desarrollar, ni la poca originalidad. Escribo para sentirme plena, y si en el intento de hacerlo, siembro más vacios que certezas, prefiero quedarme guardada, escuchándome.